La danza sufí de los derviches turcos

Sé como el río en generosidad y ayuda.

Sé como el sol en ternura y misericordia.

Sé como la noche cubriendo los defectos de los otros.

Sé como un muerto en cólera e irritabilidad.

Sé como la tierra en humildad y modestia.

Sé como el mar en tolerancia.

Sé visto como eres, o se como eres visto.

” RUMİ ”

                         (   Las vueltas  que da la vida,  o   Lo que  sé  del  giro derviche. )

 

                              Yo soy  un hombre  al que le gusta  bailar. Me pasé la juventud de discoteca en discoteca…, con los años,  asistí  a muchos talleres  para satisfacer mi anhelo. No me interesaban  la disciplina, ni la rigidez del paso pautado, o  las coreografías. De la misma forma  que  antes, tampoco me interesaron ni el alcohol, ni  el tabaco. Más bien, sentía un impulso interior que se reflejaba exteriormente  a través de la belleza en el movimiento. Lo mío era la magia. Sólo necesitaba una música conmovedora,  y me derretía  de placer inventando movimientos sutiles y aéreos, que salían no sé muy bien de donde. Tai chi, anusara yoga, butoh, danza vivencial, contact improvisación, tandava …, fueron algunas de las técnicas  que recorrí en mi camino artístico…  Hasta que un día,  se  despertó  dentro de mi,  una sutil y arrebatadora energía (kundalini) que sensualmente ascendía por mi cuerpo, enamorando  todo mi ser, al ritmo  de una sencilla música, que mi corazón entendía perfectamente. Y  lo hizo girando como los derviches turcos. Fue en el sema de Godcedere, un pueblecito en las montañas del Mar de Márrmara, cerca de Estambul, en agosto de 2009, donde  me encontraba participando en un taller de danza tribal.  Buscaba un camino, tanteando aquí y allá,  y de repente, y no por casualidad,  Allah quiso abrirme el corazón, de esta bella manera. Enseguida  me incorporé a los dikers de la tarika  Nasqbandi en Madrid, y  al poco tiempo  conocí  a   mi maestro de giro  Sheik Ahmed Dede, que refinó  mi forma de girar  hasta darle  el sentido y la forma  que hoy tiene: La del espíritu. En  el giro  derviche,  baila el alma,  y  el cuerpo va  a su rebufo,  dice sheik Ahmed Dede. Es  fácil pensar en un alineamiento  entre  ambos, y entre  la mente  generadora de  pensamientos. Por eso,  mi maestro de giro dice  que solo hay que  pensar en una  cosa:  pedir amor  para  dar amor  y entregárselo completamente a mis hermanos.

De los tres centros personales que el hombre y la mujer  pueden  percibir en la Tierra: corporal, mental-emocional  y espiritual…., al cuerpo  con  sus huesos y  sus músculos,  le corresponde la materia, el sustrato desde el que va  a despegar nuestra conciencia. Empezamos por aprender  el único paso de esta danza, para que el cuerpo lo mecanice  fácilmente. Es  el primer requisito para empezar a forjar el eje que sostendrá nuestro giro. Antes de empezar a girar, hacemos una reverencia desde la periferia del círculo con el debido respeto, para pisar el ámbito sagrado del interior. Cuando se gira  hacia la izquierda, se apoya el pie izquierdo en el suelo y con el derecho, se cruza el paso sobre el pie izquierdo, en un impulso hacia tu corazón. Así, el girador, genera un movimiento circular,   como un compás, que  eleva  su falda. Al principio hay que girar muy lentamente. Los brazos  se abren  desde el corazón para estabilizarte, y se coloca la mano derecha mirando al cielo,  y la mano izquierda mirando  a la tierra. Por los brazos en esta posición, vamos a derivar energía del cielo a la tierra pasando por nuestro corazón.  Se dice  que el giro  hacia la izquierda  provoca la apertura energética, que  posibilitará la liberación de nuestras cargas, hasta quedarnos con nuestra esencia,  y  a la vez,  la entrada  de la  energía de Allah. Vamos  a ser el gran ventilador  que todo lo remueve: emociones, pensamientos, dolores, alegrías…, mezclándolo  con las partículas espirales de amor divino que nos circundan por doquier. Finalmente,  sólo quedará el amor, es decir, la energía expansiva de Dios. Y todo se asentará por su peso donde le corresponde, así, entraremos en estado meditativo.  En el proceso activo, mientras giramos, es posible  que surja el llanto , la voz del pecho,  o un grito  desgarrador,  u  otras expresiones emocionales….

Las lágrimas  son divinas,  y  son empujadas  hacia afuera  por la energía de Dios, como señal más inequívoca  de que la conexión  o  alineamiento se está produciendo.  Las lágrimas del amor contienen  en su acuosa liquidez  un montón de información  reprimida. Conviene saber que cuanto más serenos nos mantengamos  en el giro, mejor fluirá la energía a través de nuestro cuerpo, de tal forma,  que  puedes mantener la compostura del giro, y sin embargo, llorar a raudales  sin gemir.  No obstante, si  hay un momento irrefrenable en el que sientes ganas de gritar, en el grito hay mucha energía  contenida  que se libera, es mejor expresarlo  y seguir  girando.  Si el grito,  que en  la jerga sufí  se  denomina hadra  porque va cargado  de la  presencia de Allah, se direcciona hacía arriba,  hacia el techo, puede romper la cúpula energética  que se crea con las miasmas y  adherencias  que los participantes en el círculo traen consigo. No olvidemos  que donde mejor  gira  un derviche  es en el diker, o círculo del recuerdo de Allah. No hace falta  conocer  el origen de tales adherencias, pueden ser muy antiguas, incluso es mejor no saberlo, para no provocar  enganches mentales  o  egóicos. Todo  se  entrega  a Allah. ¿Qué  es una pataleta tuya, debido a tu ignorancia,  comparada con el poder del Señor de los Mundos (Abdul Yalal )?. Siempre es mejor  manifestar la tristeza, la alegría  o la rabia en un círculo protegido, simbólico y real,  donde  a nadie se perjudica conscientemente, aunque algunos miembros del círculo  se puedan molestar por estas manifestaciones emocionales tan potentes,  que  pegarle a tu vecino con un calcetín. De esta manera, después del grito, y el agujero energético al que da lugar,  entra energía nueva,  cargada de  vitatrones, o espirales de amor divino, que limpian  todo el local, y todos los corazones de la gente.

Si, el círculo sagrado de los sufís, que se congregan  tradicionalmente  todos los jueves o/y  viernes, (no olvidemos que los musulmanes comienzan el cómputo de un día después de la puesta de sol), está protegido por las recitación de las suras del Corán, que alcanza a todos los participantes( y más allá ),  y  por los mantras  que contribuyen  en realidad,  a una limpieza energética, o pureza, exigida ineludiblemente antes de llegar  al  momento álgido de la celebración,  con el recuerdo de los atributos divinos. El derviche girador  está además protegido por su inocencia y su humildad. El no sabe cómo están los cuerpos y las consciencias de la gente, el sólo quiere sentir a su señor. El derviche  sabe que esto es  bueno para él, y si es bueno para él, también  es bueno para sus hermanos. El derviche no es un elegido,  ni un privilegiado. Es un necesitado y ayudado por sus hermanos. El círculo sufí es el círculo de los espejos. Cada miembro que se sienta a recitar el diker, hombro con hombro y con los corazones orientados hacia el centro, donde se asienta La verdad (Haqq) le reflejan al derviche  una faceta  de su ego o personalidad. Pero el va  a girar de pie delante de todos ellos, con los ojos semicerrados, sin poder apreciar  ninguna de estas facetas, porque él  sólo va a sentir a su señor. Girando hacia la izquierda, el derviche se purifica, se desprende de todas las identificaciones que sus hermanos le reflejan. El giro derviche  en el centro del diker,  es en realidad la danza de los espejos. Por esto, es recomendable que todos los participantes giren si lo desean, y lo hagan tranquilamente como les salga. Esto es bien sencillo, pues no hay nada que aprender, sólo hay que hacerlo. Aunque  cuesta trabajo, entre otras cosas,  porque ahora ya conoces una  de las consecuencias  de esta  aventura: la desidentificación  que te acerca  a tu esencia para llegar a Dios.  Si no hay  un girador para catalizar todas las fuerzas, y nadie se levanta, entonces el giro es colectivo, cada uno participa sentado en su sitio, a su manera, pero todos juntos al unísono canto.

La intención se dirige  a Allah, es el segundo requisito, y se le pide que nos abra los canales o nadis del cuerpo, o el corazón mismo  en medio del círculo sagrado, para pedir amor y entregárselo completamente a los  hermanos. Es decir, pides lo que das, de esta manera estas  uniendo los extremos de un férreo pilar. El girador  no es un loco, porque sabe lo que quiere. La voluntad  es la suma de la intención  y de la  acción, que te lleva  a manifestar el despertar de tu conciencia. En  el  giro,  la  intención  ( pensamiento ) es dar amor, y la acción es acudir al círculo de giradores y girar. Esta voluntad  que hay en ti encierra una gran energía,  que  se une a la voluntad de Dios  por resonancia .Es la columna del amor, desde el cielo  y  desde la tierra, ligados  a través de ti.  Si no, es mejor que no entres en el círculo. Este representa a Dios. Y su centro es el corazón del Universo, es decir, no puedes entrar  ahí para nada, o para expresar caprichosamente  tus ocurrencias…, sólo puedes pedir lo que de verdad ansía  tu corazón, y si no lo sabes, escucha (los  derviches turcos a la escucha,  le llaman sema ) el tambor, la música. Tu propio corazón. Así que este es el camino: primero atraviesas el centro simbólico pero real,  después llegas a tu corazón, y  desde aquí,  conectas con el corazón de  tu maestro espiritual.  Es  el camino del corazón.  Este camino es reversible, puesto que si el maestro quiere, con una mirada, una palabra,  o un  pequeño toque  suyo,  puedes sentir todo el Universo sobre ti.

El corazón no es un órgano convencional. La ciencia ha descubierto recientemente  que el corazón tiene  su propia  malla neuronal, es decir, es inteligente y genera  su propio campo electromagnético. También se ha descubierto, que  se trata de una  banda  de masa  muscular enrollada sobre si mismo, de tal forma, que si se despliega, forma un pentagrama donde las líneas vendrían marcadas por las fascias longitudinales. Un pentagrama  sirve para escribir música. Así, el corazón sería  el pentagrama orgánico, donde la música de las estrellas, se plasma  en ti en un ritmo universal: expansión y contracción, diástole y sístole, el pulso de la vida. El corazón es la baliza de Dios en cada persona, a partir del cual, comienzan los alineamientos de la mente  y  del cuerpo para  expresar la consciencia divina con claridad.

Sobre el maestro espiritual, quiero añadir unas líneas muy esclarecedoras, que cuentan los sheiks para destacar su relevancia. Ellos dicen  que el maestro es un transformador  que intercede, o media entre tu propia energía, y  la energía de Dios  para adaptar  tu pequeña  capacidad física y  psíquica, sin  sufrir graves  perjuicios. Gráficamente, sin la intermediación  del maestro, sería como enchufar una tostadora  a una central nuclear. Otro  sheik, Rauf Felpete,  de la Patagonia,  cuenta que, si en occidente todo el mundo se apunta por las tardes después de su jornada laboral,  a talleres de ganchillo, cursos de inglés, con un maestro  para cada cosa…,  cómo no íbamos a tomar  un maestro para que nos guiase e instruyese en el camino espiritual, que es algo que ni se ve, ni se palpa, y del que no tenemos la más  remota idea. Nuestro maestro es Mewlana sheik Nazim as Haqanni as Rabanni, 40 representante de la cadena de oro (silsila)de la tarica Nasbandi, que se inicia en el profeta Mohammad, que Allah  le colme de bendiciones.

 

Al girar  y  cantar los nombres de Allah  invocamos  sus sagrados atributos. Entonces, El aparece para  bailar contigo. El giro  es un sumidero  por donde  sueltas las energías que no quieres,  y  atrapas la energía de Dios. Así es como El espíritu  te llena  con su presencia.  En el círculo sagrado del diker,  los atributos  divinos  que entonan los asistentes, se convierten en lo que significan, (sheik Hassan Dyck) por  la alquimia misteriosa  que  Allah  permite, como   regalo  más evidente a los congregados por el esfuerzo de  reunirse en su nombre   y recordarle. En los cantos,  la respiración se produce  rítmicamente,  y de forma más bella y armoniosa. La respiración es el tercer requisito que da consistencia  al pilar del amor que estás construyendo en ti. Así configuras el  eje que se conecta  a tierra  y  cielo para que tu no te marees cuando  giras. Puedes empezar a girar cantando, aunque finalmente, sólo respiras  en  Allah   Hu, o en Allah.  Esta palabra es la forma  racional en que más puedes aproximarte al gran misterio. Está compuesta de dos sílabas:  A  y   La. La primera  es la fuerza de la vida  y  la segunda es  el gran vacío. Las dos  sílabas juntas,  y su  pronunciación  dan lugar  al  gran poder  sanador de la existencia. La respiración  es el aliento divino que nos da la vida, comunica  el cuerpo con la mente  y  tranquiliza y  aquieta a los dos. Así es como queda perfilado el alineamiento entre el cuerpo, la mente  y el espíritu a través del giro derviche.

Después  de esto,  pueden surgir vislumbres o atisbos, o  experiencias de la unidad  con Dios, o con el Todo. Cuando el bailarín entra en éxtasis es una belleza contemplar  La gracia de Dios  a través de su danza. Cortarle  en este trance sería  una desconsideración  hacia  el bailarín  y   hacia  los asistentes. El giro es una  comunicación directa y personal  con Allah. Además, se puede asustar  y desequilibrar.  No hay que olvidar  que el giro es una herramienta  para acercarse a Dios, y  que gracias  a ella,  devienen muchas bendiciones  para toda la gente. Por otro lado, se trata de la energía del Espíritu, que es inteligente  y sanadora, así que  la misma fuerza  que  lleva  al  girador  al cielo, le devuelve a la tierra  como conviene. Sólo el Dede  o coordinador de giradores,  puede y sabe intervenir en estos casos. Y el propio girador experimentado, que  entregado completamente a los designios del espíritu sabe certeramente  que nada malo puede ocurrir. También sabe el girador,  que dentro del círculo sagrado,  El espíritu se mueve manifiestamente  a través de los corazones abiertos de la gente, y  la utiliza a conveniencia según la capacidad de cada persona, para dar el toque justo, la lección necesaria,  o  bendiciones a los asistentes que lo precisen. Quiero decir, que lo que a unos no les sirve, a otros les hace un buen apaño, y entre todos nos aquilatamos. El girador  lo acepta  Bismillah  is Rahman is Rahim (en el nombre de Dios el Clemente  y  el  Misericordioso). Lo normal es que  después del ejercicio de giro, que sería la parte activa  de esta forma de meditar,  el girador se siente  y  deje reposar  la energía. Esta sería la otra parte, la pasiva, pero no menos importante, pues de ella se derivan  la comprensión de lo sucedido, y  la toma de tierra. Los sufís suelen compartir una sopa, o un té para  ayudar en este proceso de aterrizaje. Pero  vale igualmente una charla  con tus hermanos,  o tocar  los yembés  y darbukas cuando ello es posible. Es en estos momentos, después del diker,  cuando uno observa  claramente ante sus ojos el poder de Allah.

El principiante no debe obsesionarse con el giro. Si no logras  superar en los primeros días  el vértigo,  y el rechazo que produce el previsible mareo, busca  otras formas de conectarte con la divinidad. En los talleres de giro se observa que, ya en los primeros momentos,  y  a lo lejos, las personas llamadas a practicar esta forma de meditación, destacan por su buena disposición corporal y anímica. De tal forma,  que  posteriormente, una simple orientación acerca de la dirección de su intención, y algunos cuentos y  poesías inspiradoras de la tradición sufí, o el simbolismo,  y anécdotas  referentes al giro derviche, les pone en disposición de avanzar en el camino  del conocimiento verdadero, que no es otro  que el acercamiento  a  Dios a través de la experiencia directa con su energía.

Esto no quiere decir, que no debas perseverar  en tus intentos por superar los mareos u otras pequeñas trabas iniciales…. En tal caso, lo mejor es que te aflojes. Respires. Y hagas todo el pequeño ritual: lávate como es preceptivo en el wudu:  manos, cara, pies etc… canta.  Levántate en el borde del círculo, haz la reverencia larga, muy digna y honorable con las manos en el corazón, ocupa el centro si esta libre, recuerda que  vas  a girar para tu señor. No importa que al principio no lo creas…, observa lo que te pasa cuando giras  muy despacito hacia la izquierda. Y por encima de todo, no te olvides de lo más importante: giras por que quieres sentir  a  Allah Au Azbar  (Dios todopoderoso) en ti. A lo mejor no te lo has planteado así…, entonces los motivos por los que giras poco importan: casualidad, curiosidad, desafío, llamada espiritual, pérdida de un ser querido, desorientación en la vida, alienación, enfermedad, confusión mental, tristeza congénita, falta de voluntad, y  de creatividad, tedio, baja autoestima, agresividad, depresión, soledad, apegos y  adicciones perniciosas….todo eso para Allah  no es nada. Y en realidad, sólo interesan  por cuanto sirvieron en algún momento para reconducirte hacia el gozo y el disfrute de la existencia. Búscate un lugar y gira, y hazlo si puedes en grupo, o frecuenta  las reuniones sufís y los dikers, donde la vida de los hombres y mujeres se transforman, porque Dios quiere complacerles con sus regalos, tan sólo por el hecho de recordar sus sagrados nombres. Entonces la alegría sin motivo, el compañerismo, el adad (cortesía espiritual y material) la alteza de miras, la generosidad, el trabajo compartido y desinteresado, la música y el canto, la luz  en la mirada, los rezos, la belleza del semblante, los viajes, los talleres, las vivencias con tus hermanos, la sabiduría, los banquetes y celebraciones, la risa, la amistad, la poesía, las bodas…, aparecerán en tu vida para que la aproveches como te mereces. Son las miguitas de pan en El Camino del Amor.

A efectos prácticos  y tradicionales es recomendable girar  en estado de wudu (limpieza ritual y real). Los giradores suelen echarse en el cuello y en las muñecas  un perfume de esencias de rosas, tal como hacen los musulmanes cuando hacen el salat (oración) en congregación, o en la mezquita. En cierto modo, el giro también es una oración, una comunicación íntima  e integral con El. (Hu). Por honestidad personal, debes abstenerte de girar cuando no estás en condiciones físicas,  o cuando  consideres  que la  reunión de gente donde se vaya a celebrar el giro derviche, no alcanza el grado de respeto exigible. La danza de las estrellas, o de los espejos, es también  la danza primera (cuando somos niños) y  la ultima,  (cuando ya hemos madurado un poco) porque ya no caben adornos personales, sino sólo El espíritu. Es la danza de la Unidad.

La danza derviche es una danza espectacular, aunque no se trata de dar espectáculo, si no de dar la Gloria de Dios a la gente. Con ser la técnica de refinamiento espiritual más potente, (si exceptuamos la seclusión, o encierro voluntario a requerimiento del sheik, en una celda durante  cuarenta días) y conocida del sufismo, sin embargo, en sinergia con el salat,  (oración), el diker (recuerdo de los atributos de Allah), el eneagramala meditación murokaba(meditación en el maestro) y alguna otra técnica espiritual sufí, los efectos sobre el practicante serán reveladores, y conducentes  a la apertura de su corazón. Suele ocurrir,  que cuando  todo ha ido  bien, y la energía de Allah ha fluido intensamente, al concluir el giro,  nadie  se acerca al girador, imbuido aun por un halo de luces y de misterio. Cuando la cosa ha ido sólo regular, a ojos del girador, entonces la gente, piadosamente,  se acerca  a felicitar al derviche. El derviche agradece pase lo que pase, pues no debe preocuparse por la aceptación de la gente, o por su frialdad,  y se va a su casa. Sabe que todo es porque Allah lo quiere, y nunca se aprovecha de su situación, o de la admiración que despierta para ganar amigos. La práctica regular del giro derviche, reporta al girador una forma física óptima, puesto que se trata de  un ejercicio aerobio que contribuye  a ensanchar la capacidad torácica, lo cual,  ayuda a cantar  mejor. La eliminación de toxinas purifica el cuerpo físico.  Además, fortalece las piernas.  El giro derviche, en cuanto a sintonización con todo lo que existe en el universo, dota a todo el cuerpo, célula a célula,  de un tono vital exultante y alegre, que se traduce  en un aspecto general saludable y rejuvenecido. En lo anímico, uno anda bien centrado,  con las ideas más claras, y con un montón de energía disponible para ayudar siempre a los demás. También se despiertan  la intuición  y  la creatividad.  Y el valor  de un corazón abierto. Es el empoderamiento espiritual, o presencia permanente de Dios.

Los músicos  suelen ser cuidadosos con el cambio de ritmo de las canciones y de la música, pues el girador, entregado a los brazos de Allah, se mueve  coordinadamente con la música sin quererlo, ni buscarlo…, es parte del dejarse llevar. El girador se mueve encantado, como las cobras de la India  por su  cuidador. Pero aquí,  el cuidador,  es el Supremo Cuidador, naturalmente. (Al Wakil). La música  es  el  hilo que nos conduce a Dios. Su sencillez  y belleza  nos coloca directamente en los brazos de Allah..   El girador, siempre humilde, debe saber que su  contribución ayuda a coadyuvar  las  energía existentes y a catalizarlas.  Los percusionistas  suelen marcar un bajo  continuo  y repetitivo  que conduce al trance. No se debe cambiar, ni buscar los adornos, o florituras, lo mismo  que el girador no mueve sus brazos, o el meditador no cambia de postura, sólo respira. Así, la experiencia  extática, o experiencia  real de Dios, puede afectar  a todos los asistentes: giradores, músicos, oyentes….

Cualquier sitio es bueno para girar, aunque siempre es mejor practicar en sala, como toda meditación, para evitar distracciones inesperadas que pueden presentarse  al girar al aire libre. En la habitación siempre  habrá cuatro paredes que limitarán tus movimientos. Tradicional y simbólicamente el derviche viste  con su mortaja blanca, cubierto con un manto negro que sería su sepultura, y un gorro cilíndrico de lana, que representaría la piedra sepulcral. El giro, sería pues,  la resurrección,  o  la búsqueda del alma en pos de su  Creador, y el  encuentro y  unión con El (Hu )

No concluiré  este  pequeño  panfleto, sin decir, que  a mi entender, la forma culminante en que el Amor de Dios  te rompe el corazón, es cuando  caes  aniquilado en medio del círculo sagrado llorando de alegría, porque tu corazón sabe que has servido a la transmisión de la Verdad (Haqq), y  de la Vida. Entonces, un sentimiento indescriptible de Libertad, de  Belleza y  de Paz  colman  por completo todo tu ser. Este vencimiento puedes percibirlo igualmente en la brisa que se desprende de la falda de otro puro girador. Son las olas del océano infinito del Amor de Allah. Para la vida cotidiana, prueba a girar cuando la adversidad se presenta delante de ti, recordando como actuaría tu maestro si estuviera en tu lugar. Recuerda también estas tres sensaciones que Allah  pone a tu disposición por girar en sus brazos: libertad, belleza y paz…,  y  estos atributos  envestirán tu alma.

Ya lo sabes, no hay excusa…, para girar no hace falta nada ajeno a ti, solo tu intención de girar para ver a Dios. El  canal nunca duda. Girar es difícil. El giro marea, lo mismo queel yoga duele, pero sólo en las primeras etapas. “El giro es Dios”  dijo  el Sheik Ahmed Dede. en uno de sus talleres. Personalmente,  estoy  convencido de ello. Todas las objeciones  que te pongas  para no girar, son boicoteos para retrasar  lo inevitable: entregarte a tu Señor.  Es  mejor  hacerlo  ahora  de forma  bella y consciente, (morir para vivir) que no de forma imprevista, y  a regañadientes …, y  te diré  un secreto al oido…,  Rumi sabe  a donde conduce esta danza…, yo sólo sé  que  cada vez  me gusta más.

Un  saludo afectuoso

Ahmed Shariff

alonyou@yahoo.es

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